Brazil (1985)

brazilDirector: Terry Gilliam
Formato: Color
Duración: 131 minutos
Año: 1985

En un mundo oscurecido por el control social, la burocracia y las detenciones con torturas y desaparición incluida, una mosca que cae sobre un aparato de tipeo automático provoca una serie de acontecimientos lamentables.
Dentro de este mundo, un patético y aburrido funcionario del Ministerio de Obtención de Información, Sam Lowrry, sueña con una vida fuera de la enorme telaraña de obligaciones, trabajos y aburrimiento que componen la atmósfera de esta verdadera distopía.
Diálogos emocionantes, guiños a la obra de Kafka (sobre todo “El Proceso”) y escenas demasiado parecidas a la realidad con toques de psicosis como secretarias riendo mientras tipean audios de torturas en vivo, clientes alegando en una tienda por la explosión de una bomba “este local ya no es lo que era”, carreteras completamente cercados por publicidad evitando la posibilidad de mirar otra cosa, recibos a las familias de desaparecidos por el gobierno, y más, hacen de Brazil una gran película distópica, que con sus 3 finales es capaz de hacer pasar al espectador por una gran gama de emociones como la ternura, el miedo, el sopor y la psicosis de un mundo totalmente enajenado, opresor y triste.
El nombre de la película es uno más de los elementos de humor negro usado por el director, invocando un lugar paradisiaco que en el fondo no existe, reforzando la idea de la disociación de la realidad que se desarrolla a lo largo de toda la cinta, que, según el propio Gilliam, forma parte de una trilogía junto con Time Bandits (1981) y Las aventuras del Barón Munchausen (1989) en la que se explora la idea de la fantasia y la imaginación en contraste con una realidad aplastante, aunque Brazil tiene mucho más que ver con el control sistemicosocial que las otras dos.
Si bien es cierto que siempre decimos “tienen que ver esta película”, realmente no pueden dejar de ver Brazil, que en el fondo no es más que una versión surrealista y moderna de 1984 combinado con elementos kafkianos y fantásticos que tanto agradan al director Terry Gilliam (El Baron de Munchausen, 12 Monos).

La persona que escribe éstas líneas no pudo dormir bien después de ver ésta película y recomienda no verla de noche ni bajo estados alterados (malos momentos, tiempos sicóticos o influencia de elementos extraños).

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